Aquí estoy preparando el próximo texto de cosmética para el espacio de radio en el que colaboro y me ha hecho pensar en que, a veces, las cosas aparentemente superficiales mejoran nuestra vida. En lo evidente y en lo que no lo es tanto. Y a veces los términos aparentemente superficiales maquillan cosas mucho más profundas.
Porque cosmética debe ser lo que han utilizado los grandes expertos finanacieros y económicos mundiales para tapar lo que estaba por venir, o para disfrazar su inoperancia, mediocridad, o, siendo peor pensada, mala baba, sabiendo cómo iba a afectar una crisis económica, fundamentalmente al que la sufre, y está visto, que es el que la paga. La cosmética también se utiliza a diario desde los gabinetes de comunicación y de empresa para variar la apariencia de una imagen negativa y los medios a menudo cuentan medias verdades para que la cosa pinte mejor, o peor, según se necesite en cada momento para apagar o avivar los ánimos. Así que está claro que la cosmética no está sólo en los baños, sino en todas partes. En todos los estamentos. En cada uno de nosotros, que en ocasiones también maquillamos la realidad que nos rodea, para que sea más llevadera, ponemos un poco de corrector a nuestros errores y a los de nuestro entorno, aplicamos una buena base para que el conjunto sea más armónico, nos echamos perfume para que todo “huela” mejor, y al mal tiempo buena cara.
Precisamente esta verdad de plantar cara a los malos tiempos me recuerda a una amiga de mi madre, arrastrando secuelas y dolores de una enfermedad, que siempre dice que cuando más le duele, y menos ganas tiene de salir a la calle, se maquilla, se pone bien guapa, y así, viéndose mejor, también le cambia el humor y, hasta parece que el dolor remite un poco. En una de estas asociaciones para enfermas de cancer de pecho una de sus actividades más concurridas son los cursos de automaquillaje, para aprender a mejorar las “sombras” y resaltar las luces. Y es que no sabemos bien cómo funciona nuestro cuerpo y nuestra mente, pero alguien que trata con optimismo y humor una enfermedad tiene muchas más posibilidades de superarla, y poner en marcha ese extraño mecanismo que los medicos llaman de autocuración o sanación, y otros llaman milagro.
Por otro lado, precisamente en la radio, me enteré de que uno de los datos que los economistas tienen en cuenta para saber la salud de la economía es la venta de pintalabios. Sí, las barras de labios, que este año han cumplido 80 años como tales.
Así que ahora mismo voy a por mis pinturitas, y al mal tiempo buena cara. Porque momentos de debilidad tenemos todos y hoy, con tanta noticia mala y tanto miedo al miedo de lo que puede venir, (parece que el coco) mi moral se había aflojado un poco y el buen humor se había tomado el día libre. Pero nada de miedos, nada de incertidumbres, ni de pesimismo. Mejor disfrutar de las cosas buenas, plantarle una sonrisa al presente, porque de eso dependerá como venga el futuro, y rodearse de buenas vibraciones, deseos y actos.
Ah! En la foto os dejo a un mago de los pinceles, que en ese maravilloso libro demostró que el rostro es un lienzo en blanco que puede trasnformarse con un buen maquillaje y una buena iluminación, como la vida, ¿verdad? Depende de como la “pintemos” nos mira mejor o peor. Cada día es un lienzo en blanco por dibujar, cojamos colores alegres, y demos las pinceladas apropiadas de grises, blancos y negros, para que las luces resalten más. Asombrosas fotos de personajes famosos caracterizados como otros famosos. Otro día comparto alguna más de estas visuales transformaciones, pero como muestra un botón: Julia Roberts, como Julie Christie (Doctor Zhivago)
Y para poner banda sonora, música alegre como “Last dance”, de Donna Summer, un clásico de los 70-80’s
¡Feliz jornada!
.







