mudar de piel

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Interrelaciones

22 Abril 22UTC 2009 · 2 comentarios

 

 

Grupo de gente en un local francés con churros!

 

 

 

En estos tiempos digitales se produce la doble paradoja de que por un lado se realizan cibercontactos que pasan luego a la vida analógica y al revés, amigos con los que casi exclusivamente  te relacionas a través de la tecnología, bien sea el teléfono, el mail o las redes sociales varias.

Lo importante es darse cuenta de que el ser humano siempre necesita de otro ser humano para trabajar, para amar, para compartir, para apoyar/se, para escuchar o, simplemente para que esté, por si acaso.

El medio casi es lo de menos, aunque a veces, también paradójicamente sea lo de más. En esto también surgen teorías y con ellas o detrás de ellas las voces de expertos diversos: psicólogos, sociólogos, marketing y los perfiles de los consumidores, etc. Existen trucos para saber relacionarse, existen normas de conducta para no gritarse en Internet sin ser consciente, existen protocolos para conocer a gente nueva. Vamos, todo un listado de ofertas que se resumen en el sentido común, la buena educación y las buenas intenciones. Del mal nunca puede salir el bien y no hagas lo que no quieras que te hagan (a no ser que seas masoca que entonces podría decirse que justo lo contrario). Dejar salir antes de entrar, dar las gracias (de corazón) por lo que los demás hacen por nosotros, tratar de ayudar cuando es posible, tener un poco de mano izquierda y saber escuchar a los demás siendo empático sería el resumen casi de lo que contribuye a tener buenas relaciones sociales. Y en estos tiempos que corren se agradece poder parapetarse en un buen abrigo de personas, aunque sea a través de la luminosa pantalla del ordenador, porque el amor y el cariño también traspasan y viajan por la red como el resto de la energía.

 

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Residente

19 Abril 19UTC 2009 · 1 comentario

pastis

 

Después de mucho tiempo deambulando por espacios ajenos, sin pisar el propio he decidido pasar por el personal, como un turista más. Y me he dado cuenta de que soy residente, y de que echaba de menos volver a casa.

Así que en esta recién inaugurada mañana de domingo soleada (por fin) me dispongo a recolocar las cosas, abullonar los cojines, poner alguna lavadora con la ropa sucia de tanto viajar sin rumbo, cocinar algún guiso casero y comenzar a traer y abrir las cajas con los souvenires adquiridos, las nuevas experiencias y también las viejas, que todas sirven.

Un nuevo espacio para residir, el mismo, el mío, el cálido rincón en el que descansar.

Y para reinaugurarlo nada mejor que un buen aperitivo, invitar a los amigos y compartir buenos momentos.

Salud!

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Fe

1 Noviembre 01UTC 2008 · 1 comentario

 

Hablar de fe casi siempre se confunde con un tema religioso. Ten fe, y nos trasladamos a las clases de religión o de catequesis. A eso se ha reducido nuestro contacto con la fe. O, precisamente, la ausencia de contacto con ella. Depende del caso. Y es que, en general, esa monopolización de la fe nos ha hecho alejarnos de ella. Aunque, quien sabe, quizá ese fuera, y es, el propósito, que pensáramos que había un recipiente que contenía toda la fe y, si nos alejábamos de los que tenían esa caja mágica, ya no podíamos tenerla, porque, como suelen decir, cuando tienes conflictos con las instituciones que se dicen depositarias de la fe, entonces es que has perdido la fe. Una falsedad más para que no nos alejemos del camino marcado.

Porque, en realidad la fe abarca mucho más que eso, aunque cueste aprenderlo, y lo primero en lo que hay que tener fe es en sí mismo, en los demás, en nuestra vida, en las cosas que hacemos y las que queremos hacer, y para algunos, en el creador, el universo, o, como dijo Trueba, en Billy Wilder. Lo importante es no perder la fe. Y esa es la tarea más complicada de cumplir diariamente. Porque nos hemos alejado tanto de lo que somos que reandar los pasos para encontrar de nuevo la senda que nos conduzca a lo más elemental, es difícil. Por el camino encontramos muchos estímulos, muchas verdades que no lo son, y, aunque sea una frase hecha: los árboles no nos dejan ver el bosque, y al revés. Pero merece la pena intentarlo, buscarlo y perderse, para volver a quedarnos ante un cruce de caminos en el que tenemos que, de nuevo, escoger. Porque eso es la vida, elecciones. Y, poco a poco, ir soltando lastre, quitarnos normas, ser más libres, recobrar la serenidad, y esa inocencia que nos devuelve a la infancia, cuando de verdad somos más puros, tenemos menos miedos y nos sentimos capaces de todo. Querernos, querer y que nos quieran, esa es la cuestión. Y no hay más. ¿Fácil? Quizá no, pero vale la pena.

 

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Cosmética

30 Septiembre 30UTC 2008 · 6 comentarios

Aquí estoy preparando el próximo texto de cosmética para el espacio de radio en el que colaboro y me ha hecho pensar en que, a veces, las cosas aparentemente superficiales mejoran nuestra vida. En lo evidente y en lo que no lo es tanto. Y a veces los términos aparentemente superficiales maquillan cosas mucho más profundas.

Porque cosmética debe ser lo que han utilizado los grandes expertos finanacieros y económicos mundiales para tapar lo que estaba por venir, o para disfrazar su inoperancia, mediocridad, o, siendo peor pensada, mala baba, sabiendo cómo iba a afectar una crisis económica, fundamentalmente al que la sufre, y está visto, que es el que la paga. La cosmética también se utiliza a diario desde los gabinetes de comunicación y de empresa para variar la apariencia de una imagen negativa y los medios a menudo cuentan medias verdades para que la cosa pinte mejor, o peor, según se necesite en cada momento para apagar o avivar los ánimos. Así que está claro que la cosmética no está sólo en los baños, sino en todas partes. En todos los estamentos. En cada uno de nosotros, que en ocasiones también maquillamos la realidad que nos rodea, para que sea más llevadera, ponemos un poco de corrector a nuestros errores y a los de nuestro entorno, aplicamos una buena base para que el conjunto sea más armónico, nos echamos perfume para que todo “huela” mejor, y al mal tiempo buena cara.

Precisamente esta verdad de plantar cara a los malos tiempos me recuerda a una amiga de mi madre, arrastrando secuelas y dolores de una enfermedad, que siempre dice que cuando más le duele, y menos ganas tiene de salir a la calle, se maquilla, se pone bien guapa, y así, viéndose mejor, también le cambia el humor y, hasta parece que el dolor remite un poco. En una de estas asociaciones para enfermas de cancer de pecho una de sus actividades más concurridas son los cursos de automaquillaje, para aprender a mejorar las “sombras” y resaltar las luces. Y es que no sabemos bien cómo funciona nuestro cuerpo y nuestra mente, pero alguien que trata con optimismo y humor una enfermedad tiene muchas más posibilidades de superarla, y poner en marcha ese extraño mecanismo que los medicos llaman de autocuración o sanación, y otros llaman milagro.

Por otro lado, precisamente en la radio, me enteré de que uno de los datos que los economistas tienen en cuenta para saber la salud de la economía es la venta de pintalabios. Sí, las barras de labios, que este año han cumplido 80 años como tales.

Así que ahora mismo voy a por mis pinturitas, y al mal tiempo buena cara. Porque momentos de debilidad tenemos todos y hoy, con tanta noticia mala y tanto miedo al miedo de lo que puede venir, (parece que el coco) mi moral se había aflojado un poco y el buen humor se había tomado el día libre. Pero nada de miedos, nada de incertidumbres, ni de pesimismo. Mejor disfrutar de las cosas buenas, plantarle una sonrisa al presente, porque de eso dependerá como venga el futuro, y rodearse de buenas vibraciones, deseos y actos.

Ah! En la foto os dejo a un mago de los pinceles, que en ese maravilloso libro demostró que el rostro es un lienzo en blanco que puede trasnformarse con un buen maquillaje y una buena iluminación, como la vida, ¿verdad? Depende de como la “pintemos” nos mira mejor o peor. Cada día es un lienzo en blanco por dibujar, cojamos colores alegres, y demos las pinceladas apropiadas de grises, blancos y negros, para que las luces resalten más. Asombrosas fotos de personajes famosos caracterizados como otros famosos. Otro día comparto alguna más de estas visuales transformaciones, pero como muestra un botón: Julia Roberts, como Julie Christie (Doctor Zhivago)

 

Y para poner banda sonora, música alegre como “Last dance”, de Donna Summer, un clásico de los 70-80’s

 

¡Feliz jornada!

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Postales de ayer

22 Septiembre 22UTC 2008 · Dejar un comentario

 

 

 

PASEO POR POSTALES ANTIGUAS DE VITORIA-GASTEIZ

A menudo viendo postales antiguas nos preguntamos cómo vivian entonces, cómo paseaban por esos lugares, qué imagen tenían de sus calles, de su ciudad. Hoy, precisamente, he recibido este archivo que ahora comparto y que me ha hecho añorar la hermosa ciudad en la que nací, y que, viendo sus imágenes de antaño, siempre ha tenido su encanto. Así, he vuelto a pasar mentalmente por el casco viejo, acudido a la biblioteca de La Florida, paseado por la ciudad jardín y sus palacetes, subido con la bici hasta San Prudencio, entrar en los bares de la cuesta y he vuelto a mi casa, la de mis padres.

Por mucho que lo intenten los que hoy vuelven a poner dolor en sus calles nunca conseguirán eliminar todas las cosas buenas que tiene Vitoria-Gasteiz, ni sus vecinos. En un día triste, una gota de amor a la cotidianeidad de esta bonita ciudad.

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Hoy

18 Septiembre 18UTC 2008 · Dejar un comentario

La mayor dificultad que se nos presenta cada día es la de concentrarnos en esa jornada, en ese momento. Habitualmente pensamos en el pasado o en el futuro, sin prestar atención al presente. Pues el pasado no se puede modificar, fue el que fue, y el futuro depende del hoy casi en su mayor parte. ¿Por qué entonces no nos concentramos en disfrutar de cada instante?

Pues fácil no debe ser cuando Buda pasó la mayor parte de su vida meditando en ello, pero su experiencia ha servido durante generaciones para tratar de concentrarse en el ahora. No son pocos los libros (muchos bestseller, por lo que es algo que preocupa universalmente y a muchas personas) cuyo contenido trata de convencernos de “el poder del ahora” (así se titula precisamente uno de estos libros). Y eso llevado a otra potencia es el grueso del contenido del famoso y superventas “El Secreto”.

Conferencias, libros, documentales… Son muchos los formatos que tenemos para averiguar cómo lograrlo, pero parece que el ser humano es cabezota, y que se cumple la máxima de que damos siempre con la misma piedra, cada día.

Porque cada día está ahí para disfrutarlo, para saborear cada minuto de él, para rodearnos de las personas que queremos en ese día, para hacer esas cosas pendientes, para leer ese libro que sigue cogiendo polvo en la estantería, para escribir ese mail o hacer esa llamada, para concentrarnos en pensar en nosotros, para mimarnos, para decirle a esa persona que es especial, para abrazar a alguien, o consolarle, o simplemente escucharle, para dar las gracias, para pedir perdón… para hacer lo que realmente queremos hacer.

Un día, hace cerca de 10 años ya, escuché una canción de Ricardo Arjona que se titula “Hoy puede ser un buen día”. Llevaba demorando la decisión de cambiar de residencia y trabajo durante más de un mes, sin decidirme. Me levanté, fui al despacho del director del periódico en el que trabajaba y le comuniqué que en 15 días me iba. “¿A qué medio?” me dijo él soprendido. y le dije “A ninguno, me voy en abstracto”.

Desde entonces he pensado mucho en esa imagen: yo diciéndolo, el director balanceándose en su silla sorprendido, la oferta de mejorar si me quedaba, mi negativa. Dependiendo del momento por el que pasara al recordar esa escena me he culpado por dejarme  llevar por una emoción, me he alegrado de haberlo decidido, me he sorprendido de haber tenido ese valor que ahora no encontraba y otras muchas sensaciones. Pero lo que nunca cambia es saber que ese momento, ya entonces, sabía que estaba pletórica y que estaba dando un paso enorme hacia una esperanza. Luther King dijo, “no mires los escalones, sólo da un paso”. Cada día puedes dar ese paso, o más de uno. Hoy puede ser un buen día para hacerlo.

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Días de otoño

12 Septiembre 12UTC 2008 · Dejar un comentario

 
Javier Yzuel
Javier Yzuel
Aunque a ráfagas, parece que el otoño viene a instalarse en nuestra vida, es posible todavía que el verano nos pille por sorpresa a ratos, pero vamos dirigiéndonos a la estación más meláncólica del año. Y gracias.
Porque, quién no disfruta con el aroma de un café caliente o un te, mirando por la ventana llover…
Parapetarse en una agradable manta en el sofá al abrigo de la lectura. Compartir tertulia con un buen tinto, acurrucados por voces amigas. Los olores y sabores de los platos de cuchara, que nos devuelven a la infancia, a la familia, al hogar más primigenio. Un viaje en tren pasando por infinidad de parajes mojados, o con los árboles caducos, hermosos, perdiendo sus hojas y sembrando el campo de colores ocres.
Lo mismo que necesitamos del sol, como la planta, para crecer y madurar, el alma también necesita de lluvia, incluso violenta, para remover la tierra, y empaparla hasta lo más hondo. Agua que nos alimenta, que nos invita a encerrarnos, a abrigarnos, a mirar dentro de nuestra casa y hacer algunos “retoques” de tanto mirarla. Y los cambios, aunque cuestan, requieren de nuestro esfuerzo, al final los agradecemos, volvemos a sentir que nuestro hogar está como queremos. Ahora sí. Hasta la próxima estación de lluvias.
Feliz Otoño

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Recordando Cavatappi

4 Septiembre 04UTC 2008 · 1 comentario

Hace unos años afrontamos el reto de crear un restaurante especial, donde la gente se sintiera como en casa, comiera bien, y se relajara. Y lo conseguimos, va a hacer estos días tres años desde que dejamos esos dos años de aventura, donde los buenos y los malos momentos se mezclaban, como la gente que iba a Cavatappi.

Hoy me he acordado de la banda sonora que allí sonaba, y no digo poníamos porque muchas noches terminábamos alrededor de una copa de vino con Garrett o Javi, o Dani a la guitarra, o los tres. Y charlas, muchas, y muy diversas. Un lugar especial no sólo para los que trabajábamos o colaborábamos de vez en cuando, como en mi caso, sino para los clientes, porque hay cosas que se notan. Un lugar especial que ya no existe, pero que puede mudar de piel en otras paredes, quien sabe. Brindo por Cavatappi y por toda la experiencia, las emociones sentidas, las muchas risas que allí quedaron, y las lágrimas también. Por los amigos ocasionales, y los que permanecen.

Y no se me ocurre nada mejor que un vídeo de Garrett y una canción compuesta durante esa época por el alma de Cavatappi, mi socio, pareja y amigo, Javi. Ahí van:

Garret Wall

Javier Yzuel

 

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Cómo hablar cuando sobran las palabras

30 Junio 30UTC 2008 · Dejar un comentario

caminante, y su camino

  Imagen de jesusfoto:

   www.flickr.com/photos/15803258@N00/552207332

 

 

Cómo hablar cuando sobran las palabras, o faltan. Cuando son tantas las ideas por describir y, al mismo tiempo, tan escasas por falta de concreción. Cuando el tiempo quiere alargarse, que se detenga por miedo a que el instante siguiente rompa este segundo de éxtasis, de pensamientos agolpados sin orden en alguna parte del cerebro.

 

Cómo explicar lo que se siente, cuando son tantas emociones, tantos sabores mezclándose, aún por hacer la digestión. Pero cuando todo se asienta, y ese instante preciso pasa, después de la digestión, es cuando se destila la esencia y se separan los residuos, como en cualquier proceso biológico. Y entonces es difícil recomponer el cocido, devolverlo a su estado, retomar por separado garbanzos y aderezos varios. Uno ya no se acuerda con exactitud de las cantidades adecuadas para volver a preparar el guiso, exactamente igual al ya degustado. Y el secreto de un buen plato siempre está en la proporción de sus ingredientes, y en esa pizca de improvisación culinaria que es la que diferencia que un plato sea vulgar, para formar parte de la categoría de lo sublime.

 

Nuestra vida es igual, cuando cocinamos no prestamos atención del guiso y si, por contra, lo hacemos, perderemos de vista esa pizca de magia que hace diferente una comida para matar el hambre del auténtico manjar de los dioses. Tan concentrados estamos en la fórmula matemática. Pero, después de degustar con placer la exquisitez, hemos perdido la perspectiva y no podemos recordar con exactitud si su sabor era más dulce que amargo o llevaba algo de pimienta. Y así corre la vida, pasa sin dar lugar a saborearla con afán, porque incluso en esos momentos estamos expectantes por comer el siguiente plato del menú. Y cuando el almuerzo finaliza el chef ha cerrado la cocina y no podemos repetir.

 

Porque, cómo retener un atardecer en la playa, o un desayuno perezoso en la cama, o un abrazo, un silencio contenido, una risa, una mirada, la presencia de un ser amado, la emoción provocada por una canción en un instante preciso. Cada momento tiene un algo que lo hace especial y diferente, y la suma de ellos determina que el resultado sume o reste. Que cuente o no cuente. Todos hemos oído historias de personas más lejanas o cercanas que en un momento dado deciden cerrar una puerta y abrir otra, más serena, más pausada, con la que creen retener la vida, contener el torrente cotidiano y detenerse en esas pequeñas cosas que la hacen especial. ¿Y lo consiguen? Quizá si, pero el ser humano es, por lo general, una especie insatisfecha por naturaleza, que cree estar cerca de conocer el secreto de la vida, de la existencia, ese momento sublime, esa luz cegadora que se vislumbra pero que no termina de verse. Y en su búsqueda se pierde la única verdad. En boca de Machado, caminante no hay camino, se hace camino al andar.

 

Y no hay más misterios, la senda de la vida es lo único que hay, su deambular, los atajos que cojamos, el paisaje que veamos, los caminantes de los que nos acompañemos para hacer más agradable la caminata, la carga que llevemos a nuestras espaldas harán de ese camino un peregrinaje doloroso, o una ruta reseñable de entrar en las guías que se editan para senderistas, con trucos y consejos, y hasta mapas de la zona para hacer más fácil la caminata.

Pero no hay consejo que valga porque el día que decides tú copiar el susodicho recorrido la niebla hace imposible la visión del tan nombrado paisaje, o un incendio forestal ha convertido en un desierto de cenizas el poblado bosque de hayas.

 

 

Sólo nos queda tratar de que cada instante de nuestra vida sume, que cuente en el balance final, eso sí, de vez en cuando aderezado de algún matojo de cardos para que tengamos algo que contar del viaje. Porque al final, sólo interesan las anécdotas.

 

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El Madrid más castizo

15 Mayo 15UTC 2008 · 1 comentario

 

(www.madridcastizo.org)

 

Hoy, San Isidro en Madrid, por aquí andamos de fiesta. Y, paseando por antiguas fotos de esta villa me ha surgido la sonrisa tierna hacia esta ciudad, con alma de pueblo. Porque Madrid, ese Madrid castizo con sabor añejo, se refleja aún, y mucho, en sus fiestas, romerías y tradiciones, muy arraigadas, aunque siempre puede pensar uno que corren peligro. Pero la verdad es que las fiestas de La Paloma o San Isidro son vividas por los madrileños de nacimiento y adopción con alegría y espíritu festivo, pero también por los muchos visitantes y residentes temporales de lugares diversos y dispersos.

 

Yo misma, llegada desde Vitoria hace cerca de 10 años (que se dice pronto), casi recién terminada la facultad, pronto pude disfrutar, sobre todo de La Paloma, en La Latina y Las Vistillas, pudiendo ejercer de guía festiva para amigos que venían a pasar unos días, coincidiendo con las vacaciones de verano. La música por las calles, los barquilleros, la limonada en los bares de Lavapiés, el calor de las noches de agosto, los chulapos y los chotis son recuerdos entrañables que me parecieron entonces fascinantes y que me hicieron amar esta ciudad y entender un poco más ese espíritu de villa grande, que ha crecido mucho, a la fuerza, pero que sigue teniendo un alma de barrio popular. Y entre esas dos orillas se mueve a diario. A veces, cuando vemos su permanente protagonismo en los medios, le arrancamos ese alma, la despersonalizamos, pero Madrid es mucho más de lo que sale en la televisión o los periódicos. Afortunadamente.

 

Y en la foto se ve esa convivencia entre lo más popular y lo oficial, lo que la convierte en capital. Entrañable, o no?

 

Ese es el Madrid que hoy está de fiesta. A disfrutarlo los que puedan.

Feliz jornada!

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