Hace unos años afrontamos el reto de crear un restaurante especial, donde la gente se sintiera como en casa, comiera bien, y se relajara. Y lo conseguimos, va a hacer estos días tres años desde que dejamos esos dos años de aventura, donde los buenos y los malos momentos se mezclaban, como la gente que iba a Cavatappi.
Hoy me he acordado de la banda sonora que allí sonaba, y no digo poníamos porque muchas noches terminábamos alrededor de una copa de vino con Garrett o Javi, o Dani a la guitarra, o los tres. Y charlas, muchas, y muy diversas. Un lugar especial no sólo para los que trabajábamos o colaborábamos de vez en cuando, como en mi caso, sino para los clientes, porque hay cosas que se notan. Un lugar especial que ya no existe, pero que puede mudar de piel en otras paredes, quien sabe. Brindo por Cavatappi y por toda la experiencia, las emociones sentidas, las muchas risas que allí quedaron, y las lágrimas también. Por los amigos ocasionales, y los que permanecen.
Y no se me ocurre nada mejor que un vídeo de Garrett y una canción compuesta durante esa época por el alma de Cavatappi, mi socio, pareja y amigo, Javi. Ahí van:
Hoy, San Isidro en Madrid, por aquí andamos de fiesta. Y, paseando por antiguas fotos de esta villa me ha surgido la sonrisa tierna hacia esta ciudad, con alma de pueblo. Porque Madrid, ese Madrid castizo con sabor añejo, se refleja aún, y mucho, en sus fiestas, romerías y tradiciones, muy arraigadas, aunque siempre puede pensar uno que corren peligro. Pero la verdad es que las fiestas de La Paloma o San Isidro son vividas por los madrileños de nacimiento y adopción con alegría y espíritu festivo, pero también por los muchos visitantes y residentes temporales de lugares diversos y dispersos.
Yo misma, llegada desde Vitoria hace cerca de 10 años (que se dice pronto), casi recién terminada la facultad, pronto pude disfrutar, sobre todo de La Paloma, en La Latina y Las Vistillas, pudiendo ejercer de guía festiva para amigos que venían a pasar unos días, coincidiendo con las vacaciones de verano. La música por las calles, los barquilleros, la limonada en los bares de Lavapiés, el calor de las noches de agosto, los chulapos y los chotis son recuerdos entrañables que me parecieron entonces fascinantes y que me hicieron amar esta ciudad y entender un poco más ese espíritu de villa grande, que ha crecido mucho, a la fuerza, pero que sigue teniendo un alma de barrio popular. Y entre esas dos orillas se mueve a diario. A veces, cuando vemos su permanente protagonismo en los medios, le arrancamos ese alma, la despersonalizamos, pero Madrid es mucho más de lo que sale en la televisión o los periódicos. Afortunadamente.
Y en la foto se ve esa convivencia entre lo más popular y lo oficial, lo que la convierte en capital. Entrañable, o no?
Ese es el Madrid que hoy está de fiesta. A disfrutarlo los que puedan.