
En estos tiempos digitales se produce la doble paradoja de que por un lado se realizan cibercontactos que pasan luego a la vida analógica y al revés, amigos con los que casi exclusivamente te relacionas a través de la tecnología, bien sea el teléfono, el mail o las redes sociales varias.
Lo importante es darse cuenta de que el ser humano siempre necesita de otro ser humano para trabajar, para amar, para compartir, para apoyar/se, para escuchar o, simplemente para que esté, por si acaso.
El medio casi es lo de menos, aunque a veces, también paradójicamente sea lo de más. En esto también surgen teorías y con ellas o detrás de ellas las voces de expertos diversos: psicólogos, sociólogos, marketing y los perfiles de los consumidores, etc. Existen trucos para saber relacionarse, existen normas de conducta para no gritarse en Internet sin ser consciente, existen protocolos para conocer a gente nueva. Vamos, todo un listado de ofertas que se resumen en el sentido común, la buena educación y las buenas intenciones. Del mal nunca puede salir el bien y no hagas lo que no quieras que te hagan (a no ser que seas masoca que entonces podría decirse que justo lo contrario). Dejar salir antes de entrar, dar las gracias (de corazón) por lo que los demás hacen por nosotros, tratar de ayudar cuando es posible, tener un poco de mano izquierda y saber escuchar a los demás siendo empático sería el resumen casi de lo que contribuye a tener buenas relaciones sociales. Y en estos tiempos que corren se agradece poder parapetarse en un buen abrigo de personas, aunque sea a través de la luminosa pantalla del ordenador, porque el amor y el cariño también traspasan y viajan por la red como el resto de la energía.
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